Medellín en 100 palabras.
Medellín en 100 palabras en una competencia que se desarrolla anualmente, este consiste en realizar un breve cuento de tema libre que incluya algo propio de la ciudad y que no sobre pasara las 100 palabras, en este caso, el plazo para entregar el escrito fue hasta el 13 de julio. Dentro de todos los grupos hubo una gran movilización para incentivar el interés en los Gimnasianos y así participar en la competencia, además, varios profesores se dieron la tarea de movilizar esto al interior de sus clases. Entre los Mirmidones Gabriela Pinzón, Valentina Sánchez y Camilo Zuluaga entregaron productos, Valentina y Gabriela realizaron dos escritos, mientras que Camilo realizó uno solo.
Ciudad de la eterna primavera
«Papá, llegué». Nadie respondió. Bajé al parque principal para encontrarme con mis amigos, como usualmente hacía. Al llegar había una multitud que rodeaba un grupo de militares armados, que alardeaban por la baja de otro guerrillero. Entre la gente alcancé a ver. «Pero si es mi papá», dije en medio de lágrimas. No pude ni despedirlo.
Unos años después, entre los restos de la Escombrera en Medellín, encontraron el cuerpo de mi padre, junto con otros que habían muerto bajo la justificación de «bajas en combate».
Ese es el abono de las flores en la ciudad de la eterna primavera.
Valentina Sánchez.
A mi madre
Mi madre, despiadada, llena de favoritismos cimentados en la avaricia, me negó mil veces, pero igual yo volvía a esos brazos que, mientras me sujetaban, querían quitarme la vida que antes no pudieron. Mis hermanos disfrutaban ver cómo se ahogaban entre sí en el desconcierto de haber nacido bajo su seno ponzoñoso, mientras yo intentaba no morir en la desesperanza.
Un día vi a mi madre colorearse los labios con la sangre nuestra. Lucía tan despampanante que le permití usar toda la mía. Creo que no debí, con la de mis hermanos era suficiente. Inquietos morimos en sus montañas.
Gabriela Pinzón.
Los derrumbes en Medellín
A las cuatro de la tarde, sin importar qué tan alejadas estén las montañas unas de otras, todas se derrumban por el eterno dolor que suena detrás de ese disparo.
Gabriela Pinzón.
La vida es un freestyle
Mi Camilo. Por las noches escuchaba un buen rap, Doble Porción era su cura pasajera, también encontraba paz interior al hablar sobre tópicos de humanidades, parecía ser lo suyo, ser un humanista le haría ganar orgullo, pero la música era algo que le apasionaba, simplemente dejar sus rimas en el beat y que le gritaran sus barras, rapear con las neas y los gamines sin que sus padres lo fastidiaran y mostrar libertad con cada una de sus palabras.
- Niños, así es esta vaina, mezclar la música y el humanismo en Colombia resulta en diez mil balazos en la cara.
Camilo Zuluaga.
El skholé fue una actividad que se realizó en la guardia Dragona, este consistía en concretar cualquier producto, una ilustración, dibujo, fotografía o un texto corto. Gabriela Pinzón, nuevamente, representó al grupo con dos productos, una ilustración y el primer cuento que mandó: A mi madre.
Por último, tenemos el producto de Sara Echeverri, que fue entregado en una de las últimas competencias del grupo. La idea era hacer unos dibujos que ilustraran lo entendido de un cuento, cabe resaltar que este fue el único producto que se entregó para la competencia.


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